Tan solo han pasado 4 años desde que apareció ChatGPT en nuestras vidas y pensábamos que era simplemente un metabuscador sofisticado y que a la IA le quedaba mucho tiempo aún para ser aquello que habíamos visto en las pelis. Todos conocemos a Jarvis, la inteligencia artificial de Iron Man que nos daba nociones por ahí por el 2008 sobre lo que esperaba el humano que fuera la IA, y ChatGPT quedaba muy lejos de eso.
Hoy en día, en un periodo tan corto de tiempo, hemos visto que esta herramienta ha avanzado a pasos agigantados, llevándonos a pensar que tal vez muchos oficios se verían extinguidos por las altas capacidades de la IA. Eso no iba a pasar con la fisioterapia… ¿o tal vez sí? Eso pensé yo cuando empecé a imaginarme de qué manera podría sustituirnos: robots con manos suaves, sofás de masajes realmente avanzados con asistente de voz… ¿o tal vez estaba analizando el futuro desde el ángulo equivocado?
Hay una cosa por encima de las demás en la que la IA puede mejorar al fisioterapeuta, y no son sus manos: es su razonamiento clínico.
Porque la IA no va a ver cómo entra un paciente por la puerta. No va a escuchar el tono con el que describe su dolor. No va a sentir la tensión de un tejido bajo sus dedos. Eso sigue siendo nuestro. Pero sí puede ayudarnos a pensar mejor, a contrastar más rápido, a no perdernos en el ruido de una evidencia científica que nos llega filtrada por un algoritmo.
Ese es el ángulo que me faltaba.
Soy Biel Vallès, fisioterapeuta graduado en la Universitat de les Illes Balears en 2022 — el mismo año en que ChatGPT apareció en nuestras vidas. No sé si es casualidad o destino, pero llevo ejerciendo la profesión desde el primer momento en que la IA empezó a hacernos preguntas incómodas.
Estoy colegiado en el Col·legi de Fisioterapeutes de les Illes Balears con el número 2022. Trabajo en Mallorca y, además de la clínica, llevo tiempo explorando cómo la tecnología puede mejorar la práctica clínica — de ahí nació FisioAI, una aplicación clínica que construí desde cero con IA, y que me enseñó más sobre los límites de la tecnología que sobre sus capacidades.
Este blog nació de un fracaso voluntario.
Estuve a punto de ser uno más. Tenía un producto, tenía ganas, y tenía la sensación de que si no lo lanzaba ya, alguien se me adelantaría. FisioAI empezó como un intento de monetizar algo construido con IA — hasta que me detuve y miré a mi alrededor. Vi una marea de gente corriendo en la misma dirección, obsesionada con ser la primera en vender algo, lo que fuera, a quien fuera.
¿Y para qué?
Porque casi nadie estaba usando esto para aportar algo real. Todo eran cursos de pago para hacerte rico rápido, pasos fáciles para vender más, atajos para todo menos para convertirte en mejor profesional. Y yo estaba a punto de sumarme a eso.
Decidí parar. Y decidí que si iba a dedicar tiempo y energía a algo relacionado con la IA y la fisioterapia, quería que fuera útil de verdad. Gratuito. Honesto. Sin atajos.
La Zona Gris es eso — un espacio para pensar en voz alta lo que muchos pensamos pero pocos decimos. Porque hay formaciones que no te las da un curso, un congreso ni un artículo científico. Son cosas que salen directamente de la profesión y de amarla, como el día en que supiste que querías ser fisioterapeuta.
Este blog es para el fisioterapeuta que no quiere quedarse atrás pero tampoco quiere correr sin saber hacia dónde. Para el que tiene dudas sobre la IA pero no las dice en voz alta porque el gremio no siempre es el lugar más seguro para tenerlas. Para el que quiere aprender de la mano de un compañero de profesión, sin juicios, cómo puede mejorar su trabajo con estas herramientas — y hacerlo de manera que trabaje a favor del paciente y de su propio criterio profesional.
Si eso te suena, estás en casa.
