¡Sí, es pronto! Y ni dudo ni creo que genero ningún tipo de sorpresa en el fisioterapeuta que ha llegado hasta aquí a reflexionar sobre esto. Sin duda es pronto para la IA en consulta — pero lo interesante no es la respuesta, sino el porqué. Porque analizar en qué dirección queremos ir es lo que nos permite empezar a marcar el camino.
La primera piedra en el camino hacia la IA aplicada en consulta es el mismo fisioterapeuta. Todavía, a pesar de todas esas máquinas nuevas y reparadoras que nos venden tantos comerciales, seguimos siendo muy analógicos.
El fisio de hoy es muy exigente consigo mismo — y no digo que eso sea malo. Pero no todos tenemos la capacidad de hacer 40 cursos ni acumular los conocimientos de un profesional con 20 años de carrera, y mucho menos al salir de la universidad, vírgenes de consulta y llenos de ganas de comernos el mundo. Es inevitable que un recién graduado, o incluso un fisio con 4-5 años de experiencia, acabe recurriendo a ChatGPT para hacerle unas preguntitas tontas. (Si tú lo has hecho, no te sientas mal — yo también.)
¿Y eso qué va a provocar? ¿Un fisioterapeuta más vago y menos investigador? Yo creo que todo lo contrario. La IA no te da una respuesta vacía — a veces peca de sobreinformarte, y acabas pensando: «esto ya lo sabía». Pero en cierta manera está ayudando a consolidar conocimientos que después se aplican en consulta. Poco a poco va formando a un profesional que evoluciona más rápido de lo que lo haría sin esas herramientas — alguien que empieza a evitar errores propios de la inexperiencia y a responder preguntas que normalmente exigen años de criterio. En unos años ese fisioterapeuta reunirá dos cosas: experiencia en consulta y experiencia con la IA. Y esa será la verdadera ventaja competitiva frente al fisioterapeuta analógico.
Una vez puestos sobre la mesa estos argumentos, volvamos a la realidad. La IA ahora mismo no trabaja exactamente como queremos que trabaje los fisioterapeutas. Puede conseguirlo — pero somos fisioterapeutas, no programadores.
Para que ChatGPT nos ayude de verdad en un caso clínico, deberíamos incluir en el prompt: datos no personales, edad, contexto, lesión, banderas rojas, banderas amarillas, antecedentes, medicación, datos relevantes de la exploración, datos cuantitativos y cualitativos sobre el problema… y un sinfín de información relevante que es muy difícil — no imposible — tener en cuenta antes de enviarlo todo a analizar.
Pero una vez atravesado ese campo húmedo y recién labrado, nos enfrentamos al siguiente reto: ¿cuánta calidad tiene la respuesta que obtengo? ¿Estoy de acuerdo con lo que me dice? ¿Tiene sentido con mis conocimientos? ¿Debería contrastarlo manualmente con la evidencia más reciente? ¿En qué fuentes ha encontrado esa información?
Menudo rompecabezas. Muchos pensarán que casi es más fácil ir directamente a un atlas de anatomía y sacar sus propias conclusiones. Incluso puede que tengan razón — tanto trabajo para que la IA pueda acabar equivocándose y pese sobre nuestro criterio en consulta.
Es aquí donde entran las herramientas de IA — aquellas que prometen unir las piezas exactas del rompecabezas que tanto nos estaba costando resolver. Por fin algo que realmente nos aporta valor en criterio y en tiempo. Pero siento decirte, amigo lector, que aquí también hay trampa.
Existe hoy un debate sobre si la programación con IA se encuentra en una burbuja. Cualquiera que quiera aprender habilidades nuevas y tenga una suscripción de pago a Claude — o a cualquier otra IA — puede construir lo que para él será la mejor herramienta para la fisioterapia posible. Él mismo habrá identificado el problema, él mismo habrá visualizado la solución, y él mismo habrá ejecutado el prompt que hace que la propia IA programe esa solución. ¿Y entonces qué? Habrá creado un monstruo — una herramienta que ni de lejos se acerca al éxito que promete, pero para él lo será. Y por supuesto va a querer venderla. Y por supuesto, va a vender. Será como soplar un poco más en ese globo que ya empieza a transparentarse de lo hinchado que está.
Yo lo sé porque yo lo hice. Hice esa app genial, esa app que me iba a sacar de pobre y que iba a revolucionar la fisioterapia. ¿Y al final? Ser uno más de los que soplaron tanto el globo que les estalló en la cara. Por eso empecé este blog.
No necesitamos 15 suscripciones que cada una resuelva un problema distinto. Necesitamos una herramienta que nos acompañe en consulta, que aporte valor sin sustituir nuestro criterio, y que nos ahorre el máximo tiempo posible. Esa herramienta todavía no existe. Y eso, también, es un argumento para pensar que es pronto.
Para acabar, una reflexión. Si todos los fisioterapeutas somos capaces de identificar problemas en consulta que la IA podría resolver de alguna manera… ¿significa eso que todos podemos hacernos ricos? ¿O que todos somos capaces de aportar valor real a una idea que mejore nuestro trabajo?
Os dejo con esas preguntas. Y si después de leer esto sigues pensando que puedes cambiar el mundo con la IA — te apoyo. Igual eres tú el elegido.
